Las Brigadas Internacionales de Stalin contra la Revolución

Por Benito Toribio Morales

Índice:

📌- Dedicatoria

📌 – Introducción

📌 – La traición de Stalin, el Frente Popular y el PCE

📌 – El ejército internacional del Frente Popular

📌 – Andre Marty, el “carnicero de Albacete”

📌 – Las Brigadas Internacionales en la Batalla de Madrid: una manipulación propagandística del estalinismo

📌 – En las Batallas de Teruel, Lopera y el Jarama: represión interna, desencanto con el estalinismo y deserciones

📌 – Decadencia de las Brigadas Internacionales y su “repoblación” con españoles

📌 – Implicación de las Brigadas Internacionales en la represión de los Hechos de mayo y el asesinato de Andreu Nin

📌 – Interbrigadistas, como espías del SIM, agentes de la NKVD y chequistas, contra el POUM y el SBLE trotskista

📌 – Batalla de Huesca y la desarticulación del Consejo de Aragón con participación de las Brigadas Internacionales

📌 – Brunete y Belchite, el colapso de las Brigadas Internacionales

📌 – Frentes de Aragón y el Levante mientras la infiltración del estalinismo en el estado se hacía hegemónica

📌 – La repentina retirada de las Brigadas Internacionales en plena Batalla del Ebro

📌 – Las Brigadas Internacionales como apéndice del Estado policial estalinista: Checas del Castillo de Castelldefels y de Horta

📌 – Tras la Guerra civil: Interbrigadistas estalinistas aliados de Hitler (tras Pacto Molotov-Ribbentrop, 1939-41) y luego a disposición de EEUU (tras Pearl Harbor, 1941-45)

📌 – Stalin pagó a traidores: Interbrigadistas en gobiernos y policías tras la Guerra civil y la Segunda guerra mundial

📌 – ANEXO: Brigadas, nombres de sus Batallones, procedencia y fecha de su formación

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Dedicado a los voluntarios internacionalistas que vinieron a la Guerra civil española a luchar por la Revolución en las milicias revolucionarias formadas al margen de las Brigadas Internacionales de la Komintern de Stalin. 

Dedicado a los voluntarios internacionales represaliados y asesinados por el estalinismo en el seno de las Brigadas Internacionales.

Introducción

Desde noviembre de 1936 a septiembre de 1938 las Brigadas Internacionales lucharon en la Guerra civil española, conflicto armado que se extendió desde julio de 1936 hasta abril de 1939. Hay una gran confusión sobre qué fueron las Brigadas Internacionales, quién las creó, qué papel jugaron y qué propósito perseguían. Hay mucho mito y falsificaciones intencionadas sobre una base de ocultación de que en la Guerra Civil hubo una Revolución y sobre el papel que Stalin, el PCE y el Frente Popular implementaron en esa Guerra contra esa Revolución. Sin entender esto último no se puede entender qué fueron las Brigadas Internacionales.

A partir del 19 de julio de 1936 la clase obrera hizo una revolución como respuesta al golpe de estado militar-fascista de Franco. En el Estado español existió una auténtica resistencia revolucionaria de los obreros al alzamiento fascista, expresión de la burguesía conservadora, su ejército y su iglesia terrateniente, y se dio una guerra de clases, una guerra civil revolucionaria. En las partes del Estado español donde el golpe de estado fascista no triunfó, los trabajadores se armaron, dejando de existir la legalidad vigente, la República burguesa, y organizaron la sociedad con Comités revolucionarios que realizaron colectivizaciones en la cuidad y en el campo. Es decir, la Revolución del 19 de julio hizo estallar el régimen capitalista republicano, que solo existió nominalmente en los siguientes meses. A partir de entonces los diferentes actores sobre el terreno en la zona “republicana” se dividieron entre los que querían hacer avanzar esa revolución obrera y los que pusieron todo su empeño en reconstruir los pedazos de la republica burguesa. Hubo una confrontación entre la revolución obrera triunfante y la voluntad del Frente Popular, liderada por la burguesía republicana y los estalinistas del PCE, de reconstruir el estado burgués, es decir de volver a la situación de antes del 19 de Julio. Fue, por tanto, una lucha entre revolución y contrarrevolución.

En la Guerra civil española hubo una intervención extranjera. Mientras que Mussolini y Hitler intervinieron de parte del bando franquista el 24 y 25 de Julio, es decir 5 días después del inicio de la Guerra, Stalin no intervino de parte del bando frentepopulista hasta octubre, esto es, 3 meses después de empezar la guerra. Es importante saber que esta tardanza intencionada de Stalin se debió a que en esos momentos era cuando ya se estaban consolidando los pasos hacia la reconstrucción del poder burgués y se empezaba a aplastar en la zona “republicana” a la revolución obrera. Stalin condicionó su intervención al aplastamiento de la Revolución, de la que fue su principal verdugo en el seno de la zona “republicana”. Los instrumentos que utilizó Stalin para esta intervención fueron la venta de armas, la llegada de agentes secretos de la NKVD (heredera de la GPU y antecedente de la KGB) y las Brigadas Internacionales reclutadas por la Komintern. Cualquier análisis crítico a las Brigadas internacionales deben dejar fuera a la gente de buena voluntad que acudió al Estado español a luchar contra el fascismo a través de ese cuerpo militar que fue parte del Ejército Popular que construyó el Frente Popular. Una crítica legítima a las Brigadas Internacionales debe concentrarse en la dirección e intencionalidad estalinista y en los altos mandos que llevaron a cabo la política de Stalin por medios militares. Más abajo explicaremos que hubo voluntarios internacionales que no se alistaron en la Brigadas Internacionales sino en la red de milicias revolucionarias anarquistas o poumistas al margen del ejército regular, que tenían un carácter totalmente distinto, desde las primeras semanas de la guerra en julio de 1936 y que nada tienen que ver con las Brigadas Internacionales que llegaron desde noviembre.

Las Brigadas Internacionales no fue un movimiento espontáneo de defensores de la Revolución. Las Brigadas fueron creación directa de la Komintern sobre la base de los partidos estalinistas (los partidos “comunistas”) del mundo, es decir, fueron montadas por Stalin como fuerza militar al servicio de un objetivo político que fue contrarrevolucionario. A la vez que Stalin quería condicionar la política del gobierno frentepopulista de la Republica (para derrotar a su modo la Revolución y defender la propiedad privada), esa intervención estaba también al servicio de la política exterior de Stalin, utilizando la República frentepopulista del Estado español como un peón más en su tablero de ajedrez. La política de Stalin desde 1936, inicio de la Guerra civil española, hasta 1945, final de la Segunda guerra mundial, tuvo diferentes formas de actuación divididas en tres etapas: la etapa 1936-38, con sus políticas de Frente Popular, con la intención de acercarse a Francia y Reino Unido para mostrar que él era beligerante frente a Hitler y defensor de la propiedad en los regímenes capitalistas; la etapa 1938-41 en la que Stalin, ya abandonando a la República y retirando las Brigadas Internacionales, se acercó a Hitler culminando en el Pacto nazi-estalinista, que se extendió durante los dos primeros años de la Segunda guerra mundial (1939 a 41). En esta etapa Stalin no hizo nada en contra de su aliado Hitler (después de un año de conversaciones secretas, nueve días antes del inicio de la Segunda Guerra mundial se firmaba el pacto Molotov-Ribbentrop, algo más que un pacto de no agresión entre la Alemania nazi y la URSS estalinista, en el que se repartieron Polonia e hicieron acuerdos comerciales); y la última etapa (1941-45), cuando Hitler rompió el pacto con Stalin e invadió la URSS. Solo desde entonces Stalin combatió al nazismo. La URSS contraatacó, gracias al empuje del proletariado soviético que veía peligrar las conquistas de su estado obrero planificado, aunque burocratizado por el estalinismo, si el nazismo triunfaba derribando la URSS.  El empuje proletariado, a pesar de la casta burocrática estalinista, cuyos privilegios se elevaban por encima de la clase obrera oprimida, condujo a la caída del Berlín nazi a manos del Ejército Rojo en 1945. En Berlín Stalin impuso la parada, en vez de proseguir hasta las Islas británicas o la Península ibérica, porque Stalin se repartió, por ahora de facto, Europa con las potencias capitalistas, impidiendo revoluciones en Europa occidental. Luego vendría Yalta y Potsdam, pero esa cuestión excede el tema de este trabajo. Desarrollaremos estas etapas y lo que aconteció en ellas a lo largo del presente texto.

La combinación de la revolución en alza que sucedía en el Estado español en los primeros meses de la Guerra civil y las diferentes tácticas internacionales de Stalin a lo largo de estas etapas explica dos cosas: una, que Stalin no quisiese intervenir en el conflicto español hasta noviembre del 36 (mandar armas al Estado español cuando la revolución estaba en su apogeo iba contra su política contrarrevolucionaria, ya que no quería correr el riesgo de que esas armas pudieran caer en manos de los revolucionarios). Y, dos, la otra cosa que explica es que Stalin abandonó su apoyo al Frente Popular (incluida la retirada prematura de las Brigadas Internacionales en octubre del 38 en plena batalla del Ebro), para dar signos con la vista puesta en su pacto con Hitler.

La traición de Stalin, el Frente Popular y el PCE

En clave interna, el papel traidor que desempeñaron Stalin y el PCE en la Revolución y Guerra civil española fue la de recomponer el estado burgués y acabar con la revolución mediante la pseudo-teoría ideada por Stalin de Frente Popular en el que hay un sometimiento de la clase obrera a una fracción de la burguesía para parar la revolución. La razón de por qué fueron los estalinistas del PCE los grandes defensores del Frente Popular está en la orientación de la Internacional “Comunista”, estalinizada ya totalmente en los años 30, hacia las “democracias capitalistas” y en los pactos de coexistencia pacífica de Stalin con ellas. Veremos en este texto cómo Stalin y el Frente popular abrió las puertas a Franco y cómo fue Stalin el que derrotó a la Revolución, haciendo el trabajo sucio al fascista Franco. Fue Stalin el que mató por la espalda a la vanguardia revolucionaria en la Guerra Civil (lo que llevó ulteriormente al triunfo del franquismo).

Por lo tanto, las direcciones traidoras del Frente Popular, capitaneadas por el PCE, no defendían un programa comunista, al contrario, su misión era torpedear la lucha por la transformación socialista de la sociedad defendiendo la propiedad privada con todo instrumento posible. Más adelante trataremos la capitulación y sometimiento del resto de fuerzas de las izquierdas a las políticas de Frente Popular, y, por ende, a Stalin y al PCE, incluidas las direcciones reformistas del POUM y la CNT, a pesar de que sus bases estuvieran en las milicias revolucionarias que hacían colectivizaciones mientras luchaban contra Franco.

Las Brigadas Internacionales, aunque tenían cierta autonomía de acción, eran parte del Ejército Popular, que el poder burgués del Gobierno del Frente Popular construyó mientras él mismo estaba reconstruyendo el estado capitalista republicano que la revolución había fracturado. El carácter de clase de las Brigadas Internacionales es por lo tanto burgués. A la hora de sopesar la efectividad o no de un ejército burgués en contraposición a un sistema de milicias obreras el factor principal no es dirimir si el mando único de un ejército es superior a la dispersión de las milicias. La consideración principal debe ser determinar a quién defiende ese Ejército Popular, con unas Brigadas Internacionales en su seno, y su relación con la cuestión del Estado. Este Ejército dependiente del gobierno del Frente Popular no defendía la Revolución en curso desde julio del 36 sino, justo al contrario, su misión era defender la reconstrucción del estado burgués republicano que estaba teniendo lugar, para lo cual era imprescindible aniquilar la revolución iniciada.

El Frente Popular burgués-estalinista postuló la consigna reaccionaria de “priorizar la guerra frente a la revolución”, en oposición a la simultaneidad de la guerra y la revolución. Ese gobierno burgués no defendía para el Ejército Popular y sus Brigadas Internacionales la tesis de la guerra revolucionaria de un ejército rojo centralizado que defendiese las conquistas de la Revolución del 19 de julio, sino justo lo contrario. En este punto era diametralmente opuesto a unas milicias obreras revolucionarias que supeditaran la guerra a la revolución, única forma en la que la clase obrera estaría motivada para combatir contra el ejército militar-fascista de Franco. Los obreros del campo y la ciudad luchaban con sus milicias contra los franquistas en defensa de una vida digna sin opresión, y no por volver a un régimen burgués, “democrático” pero igual de capitalista y opresor que el autoritario que impondrían los franquistas. El carácter de clase, burgués, de las Brigadas Internacionales, independientemente del origen obrero de la mayoría de los voluntarios, era opuesto al de las milicias obreras revolucionarias. Por lo tanto, el acabar con las milicias para construir un ejército profesional no se debió al deseo de unificar la dispersión ni terminar con su inefectividad e “indisciplina” para golpear mejor a Franco sino a la determinación de acabar con la Revolución. Por lo tanto, la mejor forma de definir a las Brigadas Internacionales es diciendo que fueron el Ejército burgués de Stalin contra la Revolución. Hay que tener claro que, por su inspiración, organización, composición y mandos, las Brigadas Internacionales son el estalinismo en armas al servicio del poder burgués y que hay una íntima vinculación, una verdadera unidad, entre el PCE, el Frente Popular burgués-estalinista y las Brigadas Internacionales.

El ejército internacional del Frente Popular

La «ayuda» de Stalin a la República frentepopulista no fue desinteresada. Stalin la aportó y la abandonó cuando le convino. Entre los instrumentos que utilizó estuvieron las Brigadas Internacionales, manipulando a tantos obreros de buena voluntad que deseaban luchar contra Franco. Como vamos a exponer, sirvieron, entre otras cosas, como brazo armado de Stalin contra la Revolución y para reprimir trotskistas, poumistas y anarquistas de izquierda, para deshacer colectivaciones, para reprimir milicias revolucionarias y a los revolucionarios de mayo del 37 en Barcelona (la XIV Brigada internacional participó en la represión en los Hechos de mayo, como veremos más adelante) y en última instancia para reconstruir la República burguesa que la revolución del 19 de julio había hecho casi añicos. Las Brigadas Internacionales fueron un instrumento más para la contrarrevolución de Stalin junto al PCE y la NKVD, aunque no fuera la intención de todos los voluntarios internacionales de base al alistarse en ellas. Las Brigadas Internacionales fueron una checa internacional a sueldo de la Komintern de Stalin cuyas implicaciones alcanzaron incluso a la represión de parte de esos interbrigadistas “desviados”, como explicaremos en este texto. Cuando los voluntarios internacionales se alistaron desde sus países de origen para luchar contra el fascismo, la gran mayoría jamás habrían pensado que se les iba a utilizar para reprimir revolucionarios. Ni mucho menos que muchos de ellos serían víctimas de los mandos estalinistas y morirían fusilados por ellos y no por fascistas, o que acabarían encerrados y torturados en checas del PCE. Stalin y sus altos mandos militares involucraron a las Brigadas internacionales en la desaparición de, entre otros, el trotskista Erwin Wolf, George Tioli o el poumista Andreu Nin que fue secuestrado por interbrigadistas. Por no hablar del papel de los estalinistas provenientes de las Brigadas internacionales en la represión de poumistas y trotskistas en las checas de Barcelona o su papel como espías del SIM y el DEDIDE y agentes de la NKVD contra el POUM y la SBLE trotskista. Relataremos más abajo todos estos episodios. Hay que tener en cuenta que, en el plano internacional, todo esto sucedía a la vez que los Procesos de Moscú y las purgas contra el trotskismo en la URSS. De tal importancia era la revolución acaecida en el Estado español para el resto del mundo que Stalin tuvo que emplearse a fondo utilizando el terror contra los revolucionarios. Era una cuestión de vida o muerte para Stalin. Si ganaba la revolución en el Estado español perdía Stalin internacionalmente. Suponía una cuestión de supervivencia para la casta burocrática que en la URSS había usurpado las conquistas de la Revolución de Octubre y había degenerado y deformado el estado obrero soviético. Era necesario para Stalin la represión internacional del trotskismo, que representaba la Revolución.

Pero antes de empezar a hablar de lleno de diferentes aspectos concretos de las Brigadas Internacionales de Stalin, detengámonos en hablar sobre unos voluntarios internacionalistas que no pueden ser considerados de ningún modo como parte de las Brigadas Internacionales. Mucho antes de noviembre, hubo voluntarios milicianos internacionales desde el mismo inicio de la Revolución y Guerra civil española en julio. Los primeros extranjeros en sumarse a la lucha contra el alzamiento militar-fascista fueron los atletas que en julio de 1936 se habían reunido en Barcelona para celebrar una Olimpiada Popular paralela a la del Berlín nazi. No quisieron integrarse en los restos del Ejército leal al gobierno del Frente Popular, sino que se encuadraron en las milicias de la CNT o el POUM que se formaron en los primeros días de la guerra.

Respecto a voluntarios que acudieron desde fuera tras el 19 de julio, es crucial mencionar que en el seno de las columnas que fueron al frente a combatir al fascismo se encontró en el verano del 36 un grupo de trotskistas italianos y franceses que lucharon en la Columna Internacional Lenin del POUM en Aragón, liderados por Nicola di Bartolomeo (Fosco), del Grupo Bolchevique Leninista de España, el grupo trotskista en la época. Esa columna internacional Lenin, que fueron los primeros internacionalistas que acudieron al Estado español, estaba compuesta por 50 milicianos internacionales, 20 de los cuales eran trotskistas, como Mary Low y Juan Brea. Estos valerosos milicianos revolucionarios llegaron tres meses antes de que arribasen las Brigadas Internacionales estalinistas. Las milicias del POUM también acogieron en su seno a una veintena de británicos que, en su mayor parte, procedían del ILP, un partido británico marxista no estalinista, este fue el caso de George Orwell, escritor de “Rebelión en la Granja” y “1984”, y también de “Homenaje a Catalunya”, donde relata esta experiencia. Otro caso fue el de los internacionales trotskistas argentinos Hipólito y Mika Etchebéhère, que se encuadraron en las milicias del POUM, que, por cierto, no era un partido trotskista pero que era el más cercano a su ideología, en Madrid y desde ahí a Sigüenza a la cabeza de la Columna motorizada del POUM de Madrid, muriendo Hipólito en el pueblo de al lado, Atienza. Esto quedó inmortalizado en el libro de Mika Etchebéhère “Mi guerra de España”. También llegó el poeta John Cornford, cuya historia contaremos más adelante.

Era común entre todos estos milicianos voluntarios internacionalistas la idea de que la Komintern de Stalin había traicionado la Revolución, y por eso su postura fue la de mantenerse alejados de las Brigadas Internacionales, a las que contemplaban simplemente como el brazo militar represor de la Komintern de Stalin. No puede identificarse, por lo tanto, como erróneamente se hace, a las Brigadas Internacionales con estos extranjeros aislados que vinieron a combatir al Estado español por la Revolución. De hecho, tras la llegada en noviembre de las Brigadas Internacionales y con el decreto de militarización de las milicias, estos seguían negándose a encuadrarse en las Brigadas Internacionales porque acertadamente no querían de ningún modo ser una correa de transmisión contrarrevolucionaria de Stalin. A finales de septiembre, había en el Estado español unos 1.000 extranjeros combatiendo contra el fascismo y por la Revolución.

Como apuntamos más arriba, la creación de las Brigadas Internacionales de Stalin a partir de noviembre del 1936 no fue un movimiento popular espontaneo, sino que fue una decisión de la Komintern estalinista de intervenir en la Guerra civil española. Y tampoco fue espontanea la llegada de los interbrigadistas ya que su reclutamiento y envio corrió a cargo de la Komintern y los partidos estalinistas. Stalin asignó a los distintos partidos “comunistas” de los distintos países una cuota mínima de miembros de las Brigadas Internacionales que debían cubrir. Solo cuando la cifra no la pudieron alcanzar se recurrió a voluntarios que no fueran estalinistas. La propia Komintern reconoció que en las Brigadas Internacionales entre un 80 y un 90% de los voluntarios internacionales originales eran miembros de los partidos estalinistas (los partidos “comunistas”), muchísimos de ellos cuadros medios y altos. El propio André Marty, jefe político de las Brigadas, dijo que «En las Brigadas internacionales participaron 33 miembros de comités centrales de partidos comunistas. Y 300 miembros de comités provinciales».

Gran parte de los brigadistas habían probado sus convicciones estalinistas en sus países de origen. Eran minoría los voluntarios no estalinistas y militantes de otras ideologías. Los internacionales no estalinistas en el seno de las Brigadas Internacionales eran puestos bajo sospecha desde el primer momento y eran sometidos a revisión ideológica, producto de la cual iban a tener lugar duras represiones, como luego explicaremos. Un alistado recibía instrucción militar y aleccionamiento en política estalinista y frentepopulista. Cuando un voluntario no pertenecía a un partido estalinista, un representante de la NKVD investigaba sus antecedentes, de ese modo las Brigadas Internacionales servían también para eliminar a los disidentes del comunismo estalinista y había instrucciones para adoptar “medidas apropiadas” contra un voluntario con posibles conexiones trotskistas.

A pesar de la obviedad de que era la Komintern estalinista la que estaba detrás de la creación de las Brigadas, la consigna oficial eran la de negarlo y decir que era un movimiento surgido espontáneamente alrededor de todo el mundo.

Las Brigadas internacionales fueron un mito propagandístico circunscrito única y exclusivamente a la oportunista política estalinista de los Frentes Populares para parar la Revolución (36-38), después de que en una etapa anterior el estalinismo hubiera tratado a la socialdemocracia como socialfascismo (política sectaria estalinista del “Tercer Periodo”, hasta 1935) y antes del reaccionario pacto nazi-soviético (1939-41). Hubo una falsificación deliberada y sistemática y una apología de las Brigadas Internacionales como epopeya popular falsamente internacionalista. La verdadera historia de las Brigadas es que fueron organizadas directamente por Stalin sobre la premisa de su financiación a cargo de las reservas de divisas del Banco de España, el “Oro de Moscú”, que confirma que la ayuda de Stalin a la República no fue desinteresada y, además, el Estado español sirvió como campo de pruebas para la URSS de Stalin. De hecho, Stalin envió a la República frentepopulista aproximadamente 4.000 agentes, espías y especialistas militares y por otro, prohibió a los ciudadanos soviéticos su incorporación al frente español.

La vigilancia, control y exterminación de los voluntarios no sometidos servilmente a Stalin fue una continuidad en el Estado español de las purgas en la URSS. De hecho, esos asesinatos en el Estado español iban de la mano de otros ocurridos, de vuelta a Moscú, de muchos militares y agentes soviéticos en lo que son parte de las purgas estalinistas anteriores a la Segunda guerra mundial. Nos extenderemos en este aspecto más abajo. En el seno de las Brigadas internacionales ocurrieron asesinatos por razones políticas en mayor número que fusilamientos por indisciplina militar o deserción. En la zona “republicana” donde hubo más ejecuciones disciplinarias fue en las Brigadas Internacionales, en las Brigadas se fusiló mucho más que en otras unidades del Ejército Popular.

Para que en ningún momento las Brigadas Internacionales pudiesen írsele de las manos, Stalin impuso un comité rector de la iniciativa compuesto por máximos líderes estalinistas de los diferentes partidos “comunistas”: el italiano Palmiro Togliatti, el francés Maurice Thorez y los españoles José Díaz y Dolores Ibárruri. La Komintern y la Profintern (internacional sindical de obediencia estalinista) abrió centros de reclutamiento en distintos puntos de Europa, siempre bajo el control exclusivo de los partidos estalinistas. El contingente reclutado formó un ejército de alrededor de los 40.000 soldados a lo largo de la guerra, a pesar de que hay disparidad de cifras según los diferentes historiadores, que van desde los 30.000 a los 70.000. Su base estuvo en Los Llanos, en Albacete. Como jefe político de las Brigadas se designó al estalinista francés André Marty. Detengámonos en este personaje para conocer el carácter que imprimió a las Brigadas.

Andre Marty, el “carnicero de Albacete”

Andre Marty, fue diputado francés del PCF. Recibió el apodo de “carnicero de Albacete”, él mismo reconoció ante el comité central del PCF que había ordenado 500 fusilamientos de interbrigadistas, cifra probablemente inferior a la real. Fusilaba por sospechas políticas sin ningún miramiento, siendo la principal acusación la de desviación política trotskista que había que depurar. Se le conocen frases tan atroces como que “la vida de un hombre vale 75 céntimos, el precio de un cartucho”. Como responsable máximo de la represión sobre los interbrigadistas llevó a cabo torturas y asesinatos si los hombres a su cargo osaban dudar de la disciplina estalinista dentro del cuerpo, si solicitaban la devolución de su pasaporte o si reclamaban algún permiso. Seguía fielmente la orientación política pro-burguesa dictada por Stalin, en agosto de 1936 dijo que la “única tarea posible no era la realización de la revolución socialista sino la defensa, consolidación y desarrollo de la revolución burguesa democrática”.

Como parte de su actuar represivo, Andre Marty les retiró el pasaporte a todos los brigadistas internacionales. Los pasaportes de los interbrigadistas, además del oro español, fueron otro gran tesoro para Moscú, especialmente los pasaportes estadounidenses. Los pasaportes de los voluntarios se les quitaban al llegar éstos al Estado español, y no se les devolvían. Stalin sacaría un tremendo rendimiento a esos miles de pasaportes robados, pues fueron usados por sus servicios secretos y el espionaje estalinista antes y después de la Segunda guerra mundial. Años después, uno de esos pasaportes incautado a un interbrigadista belga se utilizará para proporcionar una identidad falsa a Ramón Mercader, que llevó a cabo la misión que le había encomendado Stalin de asesinar a Trotsky en México. Por cierto, Trotsky ya había sufrido un previo atentado fallido por otro interbrigadista de origen mexicano, David Alfaro Siqueiros.

Marty jugó un rol principal en la vinculación de las Brigadas Internacionales con las labores de apoyo para el NKVD, el antecedente directo del KGB estalinista, de hecho, las Brigadas Internacionales serían aprovechadas para reclutar agentes secretos al servicio de Stalin.

Cuando las sospechas políticas no las podía fundamentar, Andre Marty ejerció el terror acusando a los interbrigadistas no estalinistas de ser delincuentes que, según él, se habían colado en las brigadas y, en vista de ello, no dudó en ordenar todas las ejecuciones necesarias. Entre los episodios más notables de represión está la Tragedia de Pozo Rubio donde se fusiló a 9 interbrigadistas acusados cínicamente de la muerte de Hans Beimler, como agentes de la Gestapo (más adelante veremos los verdaderos culpables de este asesinato). En otra ocasión se tiene testimonio de que Marty llegó a ordenar la muerte de 83 belgas en un solo día, como publicó el 23 de marzo de 1939 el diario Le Populaire de Bruselas.

Incluso alguien tan simpatizante del estalinismo como Ernest Hemingway representó a Andre Marty en su obra “Por quién doblan las campanas” como a un paranoico, loco, cruel y sin empatía. Ahí se le califica como «hijo de la gran puta» y «loco, asesino» y de él se afirma que “mata más que la peste bubónica”, “tiene manía de fusilar gente” o “purifica más que el Salvarsán” (el Salvarsán era un fármaco contra la sífilis, también llamado la “bala mágica”). Y de él también se dice que «maldito seas por todos los hombres que has hecho morir».

André Marty tenía todos los rasgos paranoides del estalinismo de la época, característica ideal para ser el carnicero de las purgas internas de brigadistas sospechosos de desviacionismo político. Además, fue denunciado él y su mujer de cometer expolio de joyas cuando tuvieron que salir del Estado español al término de la Guerra, actitud burguesa digna de un defensor de la propiedad capitalista como lo era el estalinismo de los partidos “comunistas”.

Las Brigadas Internacionales en la Batalla de Madrid: una manipulación propagandística del estalinismo

Las Brigadas participaron en la mayor parte de las grandes batallas de la Guerra civil, desde la defensa de Madrid en noviembre de 1936 hasta la batalla del Ebro. Está muy extendido el mito de que las Brigadas salvaron a Madrid de Franco, en cambio su papel no fue decisivo, ni siquiera importante, en la defensa de Madrid frente al avance de las tropas fascistas de Franco, sino que su actuación fue puramente ornamental, dada la fecha en la que llegaron. Su rol estuvo limitado a ser la inyección de apoyo moral que suponía que obreros extranjeros de buena voluntad habían venido a ayudar a la Republica. La batalla de Madrid se decidió previamente por las milicias y las tropas del Frente Popular y sin casi participación de las Brigadas Internacionales por llegar días después del inicio de la ofensiva fascista. Lo que sí hicieron es desfilar por la ciudad ya a salvo, recogiéndose en la propaganda del PCE lo que casi no habían hecho en las trincheras. Su contribución a la batalla no podía ser decisiva ni por la fecha de su llegada ni por su número ya que las Brigadas Internacionales llegaron el 9 de noviembre (el 4 de noviembre el ejército fascista ya habían tomado Alcorcón, Leganés y Getafe y el 6 ya estaban en Carabanchel, Cuatro Vientos, Campamento y entrando en la Casa de campo). La XI Brigada Internacional, a las órdenes del general Kleber, relevada por la XII el 20 de noviembre, se llevó un mérito sobredimensionado eclipsando a milicianos locales o los venidos desde Aragón, como los de la Columna Durruti (hubo 3.000 milicianos de esa Columna Durruti en Madrid mientras que las Brigadas Internacionales tuvieron solo 1.800 soldados en esos días) o a los soldados del Ejército Popular al mando de Miaja y Rojo (que estuvieron desde el primer día). También estuvo en la Batalla de Madrid la trotskista Mika Etchebéhère con las milicias del POUM, que había llegado también antes a la Batalla de Madrid que las Brigadas Internacionales, en las trincheras de la Moncloa, y más tarde en la División de Cipriano Mera.

De noviembre hasta finales de 1936, las Brigadas Internacionales habían logrado reclutar a más de 7.000 hombres y a inicios de 1937 la cifra había ascendido a más de 25.000, el periodo más importante en la historia militar de las Brigadas fue la primera mitad de 1937. Pero a principios de noviembre, como hemos señalado, solo sobre 1.900 interbrigadistas fueron a la Batalla de Madrid.

Es digno de mención, como ejemplo de un disidente asesinado por la espalda, lo que sucedió en la segunda etapa de la Batalla de Madrid: el 1 diciembre muere Hans Beimler en extrañas circunstancias. Su muerte pudo no deberse al fuego enemigo, sino al procedente de sus propias trincheras. Así lo relató un grupo de testigos oculares, lo cual resulta verídico, ya que por aquellas fechas Beimler se había manifestado contra la injerencia de Stalin en el Estado español y, además, mantenía contactos con la oposición al Partido “Comunista” Alemán.

En las Batallas de Teruel, Lopera y el Jarama: represión interna, desencanto con el estalinismo y deserciones

La XIII Brigada Internacional intervino en la Batalla de Teruel al mando de Zaisser, futuro jefe de la Stasi, policía estalinista en la Alemania del Este. Esta acción se cerró con un fracaso y las primeras deserciones de las Brigadas internacionales comenzaron a producirse. En Teruel se dieron enfrentamientos de los estalinistas contra las columnas anarquistas que estaban allí desde primeros días de la Guerra. Los anarquistas veían a los interbrigadistas con resquemor, y con razón, como más adelante pudieron comprobar tanto poumistas como anarquistas en las futuras batallas de Huesca y Zaragoza.

La XIV Brigada Internacional, bajo el mando del general Walter, intervino en la Batalla de Lopera (Jaén) a partir del 23 de diciembre de 1936. Fue un gran fracaso que el PCE trató de ocultar diciendo que fue obra de un sabotaje. El chivo expiatorio fue un comandante, Gaston Delesalle, que curiosamente era disidente del estalinismo. El 29 de diciembre fue detenido, le hicieron una pantomima de juicio sin garantías legales y fue inmediatamente fusilado. Andre Marty se habían enterado de que Delesalle había mantenido relaciones con los anarquistas catalanes y ese fue el castigo por su “desviacionismo”.

Son dignas de mención las circunstancias en las que murió el poeta John Cornford en Lopera. Cornford fue uno de los primeros voluntarios que vinieron a luchar contra el fascismo en julio y lo hizo en las milicias del POUM en Leciñana (Zaragoza), como hizo George Orwell. Cornford luego volvió a Reino Unido por enfermedad y más tarde regresó de nuevo al Estado español. Esta vez se alistó en las Brigadas Internacionales y luchó en la Batalla de Madrid donde tuvo el primer aviso, al ser herido por fuego amigo en el frente de la Ciudad Universitaria. Luego luchó en la Batalla de Lopera donde murió el 28 de diciembre de 1936 sin que su cadáver fuera hallado. La madre de Cornford dijo al historiador Hugh Thomas que fueron los estalinistas los que mataron a su hijo por sus antecedentes del POUM y porque estaba a punto de abandonar el Partido “Comunista”. Esto no ha sido demostrado, pero resulta totalmente verosímil, como otro caso de represión contra los “desviados” del estalinismo.

La XV Brigada Internacional fue enviada a la Batalla del Jarama y allí intervinieron sus batallones Lincoln, Six Février, Dimitrov y British. Obtuvo enormes pérdidas de interbrigadistas lo cual llevó nuevamente a debates de quién era el responsable. Esto se resolvió decidiendo fusilar a cualquier oficial «insubordinado». Esto causó un desánimo por el que se produjeron muchas deserciones. La medida utilizada por los mandos estalinistas para evitar los intentos de deserción fue que se hicieron frecuentes los «paseos» para los interbrigadistas más díscolos, desviacionistas y menos estalinistas, no afiliados al Partido “Comunista”, que serían fusilados sin razón alguna.

La razón para desertar, además del desencanto por el actuar represor del estalinismo, era también por la sensación de engaño ya que a muchos de los voluntarios se les había dicho cuando se alistaron que no estarían en el Ejército más de seis meses y que luego podrían decidir si permanecían en el Estado español o se iban. Otro caso de engaño es que a muchos extranjeros que habían acudido al Estado español se les mintió con buenas ofertas de trabajo que eran falsas. En vez de un empleo se les había impuesto un fusil y una amenaza de fusilamiento si desertaban.

Es muy conocida la carta de un interbrigadista estalinista arrepentido de Estados Unidos, Sandros Voros, que, comentando la retirada de Teruel, escribía: “Los líderes del Kremlin, aunque nos proporcionan material, confían sobre todo en el terror. Oficiales y soldados son implacablemente ejecutados siguiendo sus órdenes”. Explicó con detalle cómo se desarrollarían “ejecuciones sumarias, llevadas a cabo en la mayoría de los casos en secreto”. Se tiene constancia de que habían sido fusilados 9 alemanes integrados en la Brigada XI en Teruel.

Decadencia de las Brigadas Internacionales y su “repoblación” con españoles

A pesar del demagógico esfuerzo propagandístico de Stalin y sus paladines del PCE, tras la batalla del Jarama resultó cada vez más difícil cubrir las bajas en las Brigadas Internacionales y para resolver esa situación se recurrió a rellenar las Brigadas internacionales con soldados españoles del Frente Popular. Con las Batallas de Guadalajara, Málaga, Vizcaya y La Granja siguió incrementándose la represión de disidentes, lo que llevaba a más desilusión y más deserciones, a lo que se le une el casi nulo incremento de nuevos interbrigadistas desde el exterior. Cada vez menos extranjeros estaban dispuestos a venir a defender con las armas al Gobierno del Frente Popular y a la república democrático-burguesa, claramente contrarrevolucionaria.

Stalin rechazó la posibilidad de fusionar o refundir las brigadas reduciendo su número, porque eso hubiera supuesto renunciar a la carta propagandística que se basaba en hacer alarde de la “solidaridad internacional” con la causa estalinista del Frente Popular y podría haber causado un mayor desmoronamiento moral. Por eso la única solución fue completar las bajas con españoles, repoblando la leyenda de las Brigadas. En algunos batallones había más españoles que internacionales, en otros la cifra oscilaba entre el 35% de españoles en los batallones Dombrowski y el Garibaldi y hasta el 80% en el batallón André Marty. Más adelante, en 1938 la mayor parte de las Brigadas Internacionales estaban compuestas por españoles, el elemento fundamental de la propaganda del PCE y Stalin se estaba empezando a desmoronar.

Las ejecuciones y desapariciones seguían su curso, y todas con un claro sesgo ideológico. Esta barbarie llegó hasta el caso de José Robles, el traductor de John Dos Passos, el escritor de novelas como “Manhattan Transfer”, que en aquella época era corresponsal de guerra en la Guerra civil española. José Robles Pazos era, además, traductor para la Komintern y para los jerarcas de las Brigadas Internacionales. También había sido intérprete y colaborador del general Vladimir Gorev, enviado por Stalin como asesor militar al Estado español. Tras hacer comentarios discrepantes con la línea oficial de Stalin, la Komintern y el PCE, los servicios secretos estalinistas le fusilaron y le hicieron desaparecer. John Dos Passos se disponía a colaborar con Ernest Hemingway en el guion del documental “La tierra española”, pero supo del asesinato de José Robles y ahí fue cuando renegó del estalinismo y rompió con Ernest Hemingway por su “escasa sensibilidad ante el sufrimiento humano”, tal y como recuerda Dos Passos en su obra “Años inolvidables”. Hemingway se mantuvo fiel a la cúpula estalinista, se desentendió de Robles e incluso dio pábulo a la patraña inventada por los estalinistas según la cual José Robles había huido a Londres para alistarse en el bando franquista.

Otro motivo de queja de los interbrigadistas era la calidad de las armas que utilizaban. A pesar de que el armamento utilizado por las Brigadas internacionales era el mejor de lo que mandaba Stalin, ya que era superior al de otras unidades, que recibían armas anteriores a la Primera guerra mundial (por no mencionar la nula entrega de armas a las milicias obreras que no se reconvertían al Ejército Popular después del Decreto de militarización de octubre del 36). Dicho todo esto, la queja de los interbrigadistas era justa al esperar armas mucho mejores porque, por supuesto, el valor de las armas enviadas por Stalin distaba exponencialmente de lo que se había cobrado con el “Oro de Moscú”. El Oro de Moscú (Oro que el Frente Popular dio a Stalin) fue un expolio, de 510 toneladas de oro (el 75 % de las reservas de oro del Banco de España) con un valor de 12.200.000.000 euros actuales, que se cargaron en 7.800 cajas y fueron trasportadas en los buques Kim, Kursk, Nevá y Volgolés, que zarparon en dirección a Odessa. Nada más se supo de dicho oro, no siendo devuelto nunca al gobierno de la República. Basta decir que lo que costaron las armas que dio Stalin al Frente Popular debió ser el 0,000…001% (el número de ceros decimales es incontable) del valor de dicho Oro. Juan Negrín, ministro de Hacienda en 1936 y títere del estalinismo, fue el responsable de esta operación y un año más tarde sería recompensado por Stalin y el PCE con la Presidencia del gobierno de la República del Frente Popular.

Implicación de las Brigadas Internacionales en la represión de los Hechos de mayo y el asesinato de Andreu Nin

Las Brigadas Internacionales no fueron ajenas a las maniobras estalinistas represivas en los Hechos de mayo de 1937 en Catalunya y en la posterior actuación dirigida a eliminar a poumistas, anarquistas de izquierda y trotskistas en checas de Barcelona. Los mandos superiores de los estalinistas dieron orden a los interbrigadistas de base para esta vil misión que tuvieron que acometer, no sin dudas y con gran frustración, ya que para lo que se habían alistado con toda la buena voluntad era para luchar contra Franco, no contra obreros revolucionarios. Además, les hicieron colaborar directamente en uno de los episodios más vergonzantemente atroces de toda la guerra, el secuestro, tortura y asesinato de Andreu Nin, el dirigente del POUM, como hemos adelantado más arriba.

La situación de doble poder existente desde julio de 1936, en la que se estaba dando un movimiento en tijeras entre la decreciente Revolución de los Comités revolucionarios, que habían colectivizado empresas y tierras, y la creciente Contrarrevolución del estado burgués republicano, que estaba siendo reconstruido gracias a la acción del Frente Popular, Stalin y el PCE, llegó a su fin en favor de la contrarrevolución con los Hecho de mayo de 1937 en Barcelona.

Sólo se podía ganar la guerra consolidando la revolución, por eso la clase obrera se oponía a la restauración de la república capitalista. A pesar de las direcciones reformistas de la CNT y el POUM, que tenía ministros y consejeros en los gobiernos burgueses del Frente Popular en el gobierno central y la Generalitat (Federica Montseny, García Oliver, Peiró y López de la CNT, y Andreu Nin del POUM), sus bases, junto a la clase obrera catalana, dieron respuestas a las medidas contrarrevolucionarias del Frente Popular burgués-estalinista. Esta oposición se manifestó abiertamente en las Jornadas de mayo del 37 en Barcelona cuando respondieron a una provocación del PSUC-PCE y la Generalitat con los incidentes de la Central Telefónica. La tensión acumulada entre la revolución y la contrarrevolución estalló. La clase obrera tomó las calles, la revolución parecía imponerse. Toda Barcelona era una barricada. Esto lo relata muy bien George Orwell en “Homenaje a Catalunya”.

En ese momento, cuando estaba a punto de imponerse la revolución, los ministros burgueses del Frente Popular de la CNT hicieron un llamamiento, a través de la radio, pidiendo a sus militantes y a la clase obrera barcelonesa que depusieran las armas y deshicieran las barricadas. Y la dirección reformista del POUM se plegó a la CNT. Había minorías revolucionarias que sí tuvieron una orientación y programas correctos y querían ir hasta el final con la Revolución de mayo del 37: la Agrupación “Amigos de Durruti” (una fracción de izquierdas “bolchevizante” de la CNT que criticaba a la dirección reformista) y el grupo trotskista, partidario de la IV Internacional, la Sección Bolchevique Leninista de España. En el mismo seno del POUM también hubo resistencia a esta capitulación de la CNT y el POUM en mayo del 1937, la llamada “célula 72”, de Josep Rebull, que tenía una política que se acercaba mucho a la de los trotskistas. Pero nada pudieron hacer estos pequeños grupos revolucionarios para que la revolución tomara de nuevo la iniciativa.

La CNT llamó a la retirada y la Ejecutiva del POUM se negó a romper con la dirección del Frente Popular. Las Jornadas de mayo de 1937 concluyeron en la consolidación definitiva del estado capitalista republicano. La contrarrevolución del bloque burgués-estalinista del Frente Popular había vencido a la Revolución. La CNT y el POUM renunciaron a la Revolución y se plegaron a la política del Frente Popular, del PCE y Stalin, lo que confirma el carácter no revolucionario, sino reformista, de las direcciones de ambos. El levantamiento obrero fue definitivamente abortado por la llegada de tropas del gobierno del Frente Popular, entre las que se incluía la XIV Brigada Internacional, marcando uno de sus hitos más vergonzosos.

Stalin y los estalinistas del PCE querían dar la puntilla y pidieron en el gobierno la ilegalización del POUM. La correlación de fuerzas había cambiado y los estalinistas, con el apoyo de los socialistas de derecha y republicanos burgueses se impusieron y Largo Caballero tuvo que dimitir. El asesinato de Andreu Nin y el proceso contra el POUM fueron la guinda de la contrarrevolución. A Andreu Nin, tras detenerle, se lo llevaron a una checa de Alcalá de Henares donde las Brigadas Internacionales solían depurar a los revolucionarios e interbrigadistas que no rendían culto a Stalin, y Orlov, tras torturarle, despellejarle y matarle, utilizó a interbrigadistas alemanes para simular la huida de Nin por parte de agentes de la Gestapo, el papel de agentes nazis lo representaron interbrigadistas. De esa manera, se confirmarían las calumnias que sobre el poumista había difundido la propaganda del PCE estalinista. El testimonio de estos hechos es del propio Jesús Hernández, ministro estalinista en el Gobierno republicano en su libro tras renegar del estalinismo “Yo, ministro de Stalin en España”.

Batalla de Huesca y la desarticulación del Consejo de Aragón con participación de las Brigadas Internacionales

Del 12 al 20 de junio, las Brigadas Internacionales estuvieron presentes en la operación del Ejército Popular sobre Huesca que tenía un doble objetivo, ayudar al frente de Bilbao, y, al mismo tiempo, destruir la influencia de las milicias de la CNT y el POUM en Aragón. La Batalla de Huesca tenía posibilidades de éxito, pero no se ganó por la campaña de boicot de las tropas del Frente Popular y la XII Brigada Internacional contra las milicias anarquistas y poumistas. 

En esos días en Huesca, el general interbrigadista Lukacs murió en extrañas circunstancias, justo cuando el NKVD acababa de ordenar su detención por las divergencias sobre el papel del PCE y la NKVD en el tema de la destitución de Largo Caballero tras los Hechos de mayo. Esto lo relata un alto mando militar del Ejército Popular, el estalinista Valentín González (El Campesino), en “Comunista en España, antiestalinista en la URSS» (Vida y muerte en la URSS)”.

Las tropas del POUM estaban colaborando en la Batalla de Huesca y los estalinistas del Frente Popular tuvieron cuidado de que no recibieran periódicos editados en Barcelona o Valencia por los que se enterasen de que el PSUC-PCE en Barcelona acusaba al POUM de colaborador de Franco. 

En pleno ataque de las tropas fascistas de Franco, las Brigadas Internacionales sin avisar modificaron sus posiciones y movimientos en el frente de Huesca para provocar que los ataques de las tropas fascistas recayeran sobre las posiciones de anarquistas y poumistas (entre los que se encontraba George Orwell) que sufrieron elevadas pérdidas. A esto hay que añadir que se privaba de artillería a las unidades anarquistas y poumistas. Para el estalinismo era más urgente derrotar definitivamente la Revolución que infligir una derrota a las tropas fascistas.

Tras las Jornadas de mayo del 37, el propósito principal del Gobierno Negrín, controlado por Stalin y el PCE, era acabar definitivamente con los comités revolucionarios potenciando el estado burgués republicano. El 21 de junio la XII Brigadas Internacionales recibieron entonces la misión de exterminar colectividades revolucionarias del Frente de Aragón. Una vez más fueron las Brigadas Internacionales los ejecutores políticos de las consignas de Stalin contra la Revolución. La guinda vergonzante y traidora del accionar contrarrevolucionario de los estalinistas fue la desarticulación y liquidación del Consejo de Aragón (órgano centralizador de las colectivizaciones que los revolucionarios habían hecho desde Julio del 36) por parte de las tropas de Enrique Líster, dirigente del PCE. Para ese quehacer fueron movilizados los brigadistas de la XIV y XV Brigadas Internacionales que, junto a la XI División de Líster, llevaron a cabo ese vil cometido. El 11 de agosto detuvieron a los miembros del Consejo, incluido su presidente, Joaquín Ascaso, anarquista histórico.

Este gobierno acabó definitivamente también con las milicias obreras potenciando el Ejército Popular burgués. Las armas que enviaba la URSS de Stalin, más que estar destinadas a combatir al ejército franquista, fueron utilizadas contra estas milicias revolucionarias del campo republicano. La contrarrevolución estalinista, en fin, acabó con las colectivizaciones creadas por los milicianos de los Comités revolucionarios, es decir, el gobierno del Frente Popular de Negrín, controlado ya casi enteramente por el PCE, expropió a la clase obrera entregando las tierras y fábricas a sus antiguos propietarios, burgueses y terratenientes. En suma, el éxito contrarrevolucionario de Negrín y Stalin fue hacer retroceder la revolución obrera que había tenido lugar en el campo y la ciudad desde el 19 de julio del 36.

Interbrigadistas, como espías del SIM, agentes de la NKVD y chequistas, contra el POUM y la SBLE trotskista

El asesinato de Andreu Nin fue el pistoletazo de salida de la represión masiva del movimiento obrero. La contrarrevolución estalinista utilizó el terrorismo policíaco constantemente en su plan de represión y aniquilación del ala revolucionaria del movimiento obrero y para ello utilizó a miembros de las Brigadas Internacionales, de la NKVD, del SIM y del DEDIDE. La represión iba dirigida específicamente al ala izquierda de los anarquistas, a los poumistas y a los trotskistas. El estalinismo hizo una distinción muy clara dentro del movimiento anarquista entre la fracción de izquierda “bolchevizante” de la CNT, (la Agrupación de Los Amigos de Durruti), y la burocracia reformista de la CNT y la FAI, con sus ministros burgueses Federica Montseny, García Oliver, etc, colaboracionistas con el Frente Popular, que no representaban un peligro, más bien al contrario, eran un aliado del PCE.

La razón de por qué el estalinismo no emprendió esta represión con la dirección reformista de la CNT y sí con la ejecutiva del POUM, tan reformista y colaboracionista como la CNT, es que el POUM, a pesar de su política reformista (capitulación al Frente Popular, con su entrada en él, entrada al gobierno burgués de la Generalitat -Andreu Nin fue Consejero de Justicia-, acuerdo con la desarticulación del Comité central de milicias antifascistas, entre otras capitulaciones) está en que el POUM fue el único grupo político, junto al pequeño grupo trotskistas de la SBLE, que denunció implacablemente en su prensa los Procesos de Moscú de Stalin contra la vieja guardia bolchevique. Además, el POUM, a pesar de no ser trotskista, cedió en su prensa una columna a Trotsky y pidió al gobierno frentepopulista que se le concediera a Trotsky asilo en Barcelona, lo cual denegaron.

El protagonista principal para acometer el plan de represión de la izquierda revolucionaria en Catalunya fue el agente de Stalin Enro Gero (“Pedro”), responsable de la NKVD allí y promotor de las checas en Barcelona. Gero utilizó a interbrigadistas y militantes del PCE para gestionar las checas y para realizar su plan de exterminio de revolucionarios. Dos agentes espías a su servicio fueron el polaco León Narwicz, capitán en las Brigadas Internacionales, y el alemán Lothar Marx, que bajo el pseudónimo de “Joan”, había intentado infiltrarse en la Sección Bolchevique-Leninista de España (SBLE).

El capitán interbrigadista y espía León Narwicz ya antes de los Hechos de mayo, había preparado la identificación y detención de militantes del POUM, mediante la obtención de fotografías. Tras ganarse la confianza de algunos dirigentes del POUM, a quienes había dicho que era simpatizante de la Oposición rusa, pudo entrar a la sede del POUM y tomó fotografías que sirvieron para identificar y detener a militantes del POUM en el proceso de ilegalización. Antes aún, Narwicz había colaborado en la fabricación de pruebas falsas sobre Andreu Nin, que le llevaron a su detención, secuestro, tortura y asesinato.

Gero encomendó a Narwicz y Lothar Marx la misión de infiltrarse en la SBLE, fingiendo ser simpatizantes trotskistas que querían ganarse a un grupo alemán de las Brigadas Internacionales. León Narwicz también quería infiltrarse en la organización clandestina del POUM, sin saber que los poumistas habían averiguado que era un agente estalinista. El POUM fingió estar interesado en Narwicz y se citaron con él. En esa cita un grupo de acción del POUM le ajustició con tres tiros en la cabeza.

El ajusticiamiento de Narwicz fue reivindicado por el POUM como venganza, y esto sirvió de excusa a la NKVD y el SIM estalinistas para la detención y juicio-farsa de los militantes trotskistas de la SBLE. El responsable de la investigación fue el estalinista del PCE Julián Grimau (Grimau había sido un policía de Izquierda Republicana antes de la guerra, luego se afilió al PCE, trabajó para la NKVD y el SIM y fue chequista en Barcelona. Durante el Franquismo penetró en el Estado español y fue capturado por el régimen franquista, que le mató). Grimau mantuvo secuestrados en la Checa que regentaba en la vía Layetana y torturó a los trotsquistas Grandizo Munis (autor del excelente ”Jalones de derrota, promesas de victoria”), Adolfo Carlini, Jaime Fernández (a estos tres se les sentenció con la pena de muerte), Teodoro Sanz, Víctor Ondik, Luis Zanon (que no soportó las terribles torturas y “confesó” todo lo que Grimau quiso que declarara) y Aage Kielso (que logró fugarse). Un juicio farsa les llevó hasta el final de la Guerra civil a la Prisión Modelo, de la que se fugaron justo antes de que los fascistas tomaran Barcelona. No dio tiempo a hacerse efectiva la pena de muerte.

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Es necesario hacer un apunte sobre las checas. Después de julio de 1936 todas las organizaciones de izquierdas tuvieron sus checas en la zona “republicana” para perseguir a los fascistas y evitar que se reorganizasen y dieran una respuesta contra la Revolución en curso y a favor del fascista Franco. En esas checas, también se incautaban bienes y joyas de burgueses, de militares y del clero y, no hay que ocultarlo, se ajusticiaba, a veces sin juicio previo, como ocurría también al otro lado del frente de guerra en la zona franquista. Pero las checas, con el proceso contrarrevolucionario encabezado por el PCE y el Frente Popular, se desvirtuaron y quedaron todas ellas en poder de los estalinistas y del SIM y la NKVD y en ellas no se detenía ya a derechistas, fascistas y burgueses, sino que se utilizaron para reprimir a revolucionarios y a componentes del movimiento obrero que estorbaran a los estalinistas y al gobierno frentepopulista Negrín-Stalin, esencialmente a poumistas, trotskistas y anarquistas de izquierda. Además, los chequistas estalinistas se habían especializado en crueles torturas y métodos de asesinatos sádicamente inauditos copiados de la URSS de Stalin.

Las checas de Barcelona, donde más secuestros, torturas y asesinatos de revolucionarios tuvieron lugar, fueron: la checa de los sótanos del Hotel Colón, en la Plaza de Catalunya, que era donde el PSUC-PCE tenía su sede principal (de sus ventanas colgaba una gran pancarta que decía “a los heroicos luchadores de la Brigada Internacional” junto a un gigantesco retrato de Stalin); la checa de “Pedrera” (donde vivía Joan Comorera, dirigente del PSUC-PCE y donde Enro Gero tenía su oficina); la checa del Círculo Ecuestre, convertido en Casal Carlos Marx, donde estaba una sede del PSUC-PCE; la Checa de la Plaza Berenguer, 1 (junto a Vía Layetana, dirigida por Julian Grimau, el policía del PCE) y otras como las checas de “La Tamarita” en el Tibidabo, Puerta del Ángel 24, Córcega 299, Clarís 110, Muntaner 321, la Fábrica Nestlé, Paseo San Juan 104, el convento de Vallmajor 5, calle Zaragoza, etc…

Brunete y Belchite, el colapso de las Brigadas Internacionales

La ofensiva de Brunete sustituyó el que había sido el principal deseo de Largo Caballero de atacar sobre Mérida para romper en dos el territorio del bando nacional. Se opusieron a esta intención los generales y consejeros estalinistas del Frente Popular y las Brigadas Internacionales. Y una vez dimitido Largo Caballero, el Gobierno de Negrín, y el ministro de Defensa Nacional, Prieto, rechazaron de manera definitiva esa idea de una ofensiva en Extremadura por imposición de los consejeros de Stalin que pretendían alargar la guerra. Su alternativa fue la batalla de Brunete en el verano de 1937 donde participaron las Brigadas Internacionales.

En Belchite se dieron las mismas características que en pasadas batallas, pero cada vez más exacerbadas. Enrique Líster desoyó varias órdenes de mandos no estalinistas del Ejército Popular y tomó iniciativas impuestas por los asesores soviéticos. Respecto a las Brigadas Internacionales el desencanto, la indisciplina, la represión y las deserciones seguían en ascenso, tanto en Brunete como en Belchite, mucho más de lo que ya había aflorado en las Batallas del Jarama y en la de La Granja, teniendo como causa el predominio represor estalinista.

Hasta tal punto era grave la situación que el 2 de agosto de 1937, una circular de la Subsecretaria del Ejército de Tierra reconocía la existencia de deserciones en el seno de las Brigadas Internacionales. El Gobierno Negrín-Stalin tenía un carácter cada vez más dictatorial y el 14 de agosto se prohibió las críticas contra la URSS de Stalin en la prensa.

Belchite, a pesar de la conquista de la localidad, constituyó, como en La Granja, Huesca o Brunete, un nuevo fracaso y un enorme costo en vidas lo cual era más trágico porque, en paralelo, las batallas que estaban teniendo lugar en el Norte desembocó en que Santander cayó en las manos de los fascistas.

Frentes de Aragón y el Levante mientras la infiltración del estalinismo en el estado se hacía hegemónica

Desde el otoño de 1937, hasta la primera parte de 1938, las Brigadas Internacionales se vieron obligadas a incorporar en su seno a tres batallones españoles con la finalidad de cubrir las bajas y deserciones sufridas. Las derrotas del ejército frentepopulista de los últimos meses se habían ido produciendo en paralelo a un peso cada vez mayor de los estalinistas en los aparatos del Estado. Cada brigada y cada batallón tenía periódicos con los que difundían la ideología de los comisarios de Stalin en cada unidad. Había varios órganos de expresión controlados por comisarios políticos, como, por ejemplo, Notre Combat, Our Fight, Vers la Liberte, The Volunteer for Liberty, etc, y en todos ellos se traslucía una servil sumisión estalinista a los dictados de la Komintern y el PCE. En ellos se apoyaban los Procesos de Moscú y las purgas contra el trotskismo y era constante que se elogiara y vanagloriara al PCE y criticara al resto de fuerzas de las izquierdas. Además, en todos los campamentos de los interbrigadistas estaba prohibida toda prensa partidaria excepto la del PCE. 

En abril, en medio de la retirada en Aragón, volvieron a multiplicarse las deserciones y los casos de interbrigadistas que se quejaban de la incautación de sus pasaportes por parte de los mandos. Al protestar, sobre ellos recaían juicios de guerra, condenas y ejecuciones. En el frente de Aragón, 25 voluntarios estadounidenses que pidieron volver a su país fueron fusilados. Un informe alto secreto de Wilhelm Zeisser decía que a 30 de abril de 1938 había 5.740 desertores, encarcelados y ejecutados del total de los 31.369 incorporados a las Brigadas, de los cuales 15.992 estaban disponibles, 5.062 eran heridos devueltos a sus casas y 4.575 muertos y desaparecidos. Digno de mención es el asesinato del Agregado diplomático belga Jazques de Borchgrave que fue asesinado por la NKVD por pretender satisfacer, en función de amparo, los deseos de repatriación de compatriotas suyos alistados con engaños en las Brigadas Internacionales. En protesta por la retención de pasaportes por parte de los jerarcas estalinistas de las Brigadas Internacionales se dieron huelgas de hambre de varios interbrigadistas.

El volumen de los interbrigadistas había disminuido en un 40% y la posibilidad de que afluyeran nuevos voluntarios desde el extranjero era ya prácticamente nula. Cada vez eran más los sitios donde había más españoles que internacionales en las Brigadas.

En el proceso de infiltración de los servicios secretos estalinistas con su policía política la NKVD, sus consejeros y chequistas en los resortes del estado había jugado un papel destacado las Brigadas Internacionales, así el PCE estaba controlando todos los resortes del estado republicano. Sometido a la NKVD estaba el DEDIDE (Departamento Especial de Información del Estado), la Policía política creada por el Ministerio de la Gobernación, que era, sin disimulo, un organismo represivo de carácter oficial, cuya función era la represión de los “grupos izquierdistas subversivos”. El control estalinista se incrementó aún más con la absorción del DEDIDE por parte del SIM (Servicio de Información Militar). El SIM no se limita a su específica esfera de investigación militar, sino que se convierte en la Policía política más siniestra y temible, imponiendo el terror tanto en los frentes del Frente Popular y las Brigadas Internacionales como en la retaguardia, cometiendo numerosos asesinatos políticos.

Este proceso era el resultado del carácter contrarrevolucionario burgués del PCE y la política internacional de Stalin en la guerra civil, el cual, apoyándose en los sectores asustados por la revolución, ya había conseguido rescatar las viejas instituciones republicanas, poniéndolas al servicio de una restauración capitalista en contra de la revolución del 19 de julio, y había reprimido a los revolucionarios. Para ello los estalinistas se valieron del terror represivo contra los revolucionarios. Cada vez era más claro que Stalin mató por la espalda a la vanguardia revolucionaria en la Guerra Civil y que las Brigadas Internacionales eran un chantaje como instrumento de Stalin para aumentar su influencia sobre el Gobierno republicano, imponiéndole su política.

La repentina retirada de las Brigadas Internacionales en plena Batalla del Ebro

En el verano de 1938 el Ejército popular y las Brigadas Internacionales cruzaban el Ebro y daba inicio la batalla más duradera de la guerra, última intervención importante de las Brigadas Internacionales en la Guerra civil.

Tras la caída de Indalecio Prieto, relacionada con el peso cada vez mayor del estalinismo del PCE en el Gobierno del Frente Popular, Juan Negrín asumió también la cartera de Guerra. A estas alturas de la guerra los voluntarios extranjeros ya eran clara minoría en el seno de las Brigadas Internacionales, por ejemplo, en el Batallón Lincoln, el 75% de los soldados eran españoles.

En el verano de 1938, mientras el Frente Popular afrontaba la Batalla del Ebro, Stalin decidió abandonar gradualmente a la República frentepopulista. El primer paso sería la retirada de las Brigadas Internacionales, decisión tomada ya meses atrás y llevada a cabo en mitad de la contienda de una forma que parecía repentina. El 23 de septiembre fue el último día en que los interbrigadistas combatieron en la Batalla del Ebro, las Brigadas Internacionales eran retiradas por Stalin en el momento más inoportuno. En esos momentos solo quedaban: 8.422 interbrigadistas de origen extranjero en las Brigadas, desglosados del siguiente modo: 513 soldados de la XI Brigada Internacional, 493 de la XII Brigada Internacional, 660 de la XIII Brigada Internacional, 838 de la XIV Brigada Internacional, 478 de la XV Brigada Internacional, 1.249 de la CXXIX Brigada Internacional, 612 de la DL Brigada Internacional, 2.851 hospitalizados, y 728 en recuperación. Hay que apuntar que, aunque hemos dicho que se alcanzaron 40.000 voluntarios internacionales, estos nunca sobrepasaron los 20.000 hombres presentes a la vez en un momento determinado la guerra. Murieron al menos 15.000 brigadistas, entre bajas en combate, por represión interna, represaliados por “desviacionismo”, y desaparecidos.

Las Brigadas, como hemos mantenido durante todo el texto, fueuno de los instrumentos de Stalin para la consecución de su política de dominio del gobierno frentepopulista español al servicio de sus intereses internacionales. En este sentido su retirada estaba vinculada a la existencia de contactos secretos durante la guerra civil entre nazis y estalinistas para un acuerdo. Eso motivó la retirada de las Brigadas Internacionales junto a la presión que había sobre Negrín para atraerse a Reino Unido y Francia. Era necesario fingir signos de que La República frentepopulista no estaba controlada por Stalin.

Por lo tanto, la estrategia de salida y abandono del apoyo a la República por parte de Stalin estuvo motivada por la búsqueda de un pacto nazi-estalinista que culminaría en septiembre de 1939 y también por la conveniencia de Negrín de no ser señalado como siervo de Stalin, lo cual era exactamente lo que era. Los esfuerzos diplomáticos no solo habían sido hechos desde Moscú, también Negrín viajó a Suiza para reunirse en secreto con el duque de Alba con la intención de llegar a una paz negociada. El 9 de septiembre, Negrín incluso se entrevistó en Zúrich con un emisario de Hitler para tantear las posibilidades de llegar al final de las hostilidades.  

La retirada del Estado español de los voluntarios de las Brigadas Internacionales fue una medida que era un gran gesto de Stalin tanto ante Hitler como ante Francia y Reino Unido y, además era poco costosa y muy vistosa desde el punto de vista de la propaganda. Se pretendía, por el lado de Negrín, dar fe de la buena voluntad del Gobierno frentepopulista, perdiendo a cambio un número de combatientes muy reducido. 

Sin embargo, Negrín no se distanciaba de Stalin. En realidad, por esas fechas ya había llegado a un acuerdo con los agentes de Stalin para modificar el régimen frentepopulista en un sentido en el que el PCE prácticamente fuera el partido único. Mediante ese acuerdo, en la república burguesa del Frente Popular se implantaría de facto una dictadura totalitaria.

Las Brigadas Internacionales como apéndice del Estado policial estalinista: Checas del Castillo de Castelldefels y de Horta

La creciente infiltración y dominio estalinista que se había llevado a cabo durante el Gobierno de Negrín había hecho que los estalinistas del PCE en unos meses consiguieran hacerse con el control político de las instituciones republicanas frente a las fuerzas hegemónicas de la izquierda hasta el inicio de la guerra, los anarquistas, los socialistas y los republicanos. Tras la fachada de las instituciones democráticas, una vez derrotada y reprimida la Revolución, convirtieron la República burguesa frentepopulista de la Guerra civil en un Estado policial, prácticamente de un solo partido totalitario, el PCE.

Como hemos señalado anteriormente, hasta tal punto llega el quehacer estalinista que el Servicio de Investigación Militar, el Ejército y la policía estaban en manos del PCE y los técnicos y consejeros de la NKVD enviados por Stalin desde la URSS. En las cárceles de la zona republicana había más revolucionarios que fascistas. La actividad de las checas extraoficiales de los estalinistas contribuyó a ello.

El Gobierno Negrín-Stalin se sirvió de una represión atroz. Además de los asesinatos de los revolucionarios, el POUM fue sometido a un proceso judicial de ilegalización similar a los que Stalin estaba llevando a cabo en Moscú en aquellos años contra la vieja guardia bolchevique que había hecho la revolución de octubre de 1917. Análogamente a la aniquilación de la vieja guardia bolchevique en la URSS de Stalin, aquí en la República frentepopulista de Negrín-Stalin, se asesinó a dirigentes internacionales como el poumista Kurt Landau, el anarquista Bernini y de los trotskistas Moulin y Erwin Wolf. Respecto a voluntarios extranjeros no estalinistas, mencionar que casi fusilan a Mika Etchebéhère, trotskista, capitana de milicias del POUM. En abril de 1937 fue detenida en Madrid, enviada a una checa y gracias a las gestiones de Cipriano Mera, fue puesta en libertad, pero la prohibieron volver al frente.

Las Brigadas Internacionales tuvieron su propia Checa en el Castillo de Castelldefels, como imponente macroprisión disciplinaria para interbrigadistas descarriados, desde marzo de 1938. También en Barcelona, tuvieron las Brigadas otro lugar de reclusión en la base de Horta, una checa donde, además de para interbrigadistas también era para encerrar a numerosos milicianos extranjeros que habían servido en las milicias del POUM o la CNT o habían participado en los Hechos de mayo de 1937.

El régimen de checa del Castillo de Castelldefels fue extraordinariamente duro bajo el mandato de los comandantes, Ćopić y Lantez. Allí fueron comunes los malos tratos, torturas y muertes bajo custodia, así como abundantes ejecuciones extrajudiciales. 500 miembros de las Brigadas Internacionales fueron encarcelados allí y 50 de ellos fusilados. Ejemplos de encerrados en Castelldefels por motivos políticos están los casos del alemán Bernhard Rosner, y el escocés Alex Marcowitch, a los que se les acusó de ser trotskista. En la Checa de Horta 50 interbrigadistas fueron ejecutados y otros 100 fueron enviados a Castelldefels.

Hasta tal punto fue dura la represión contra los miembros de las Brigadas Internacionales que no eran sumisos a los dictados de Stalin, que muchos de ellos arrepentidos reflejaron estos excesos en obras escritas después de la Guerra Civil. Por ejemplo, Sandor Voros, comisario político de la XV Brigada, mencionado anteriormente, arrepentido, aseguró: “El terror cunde en las Brigadas Internacionales. Son ejecuciones sumarias que el SIM lleva a cabo en secreto en la mayoría de los casos” y el italiano Carlo Penchienati, comandante del Batallón Garibaldi aseguró que la Checa como institución “funcionaba a pleno rendimiento”.

Tras la Guerra civil: Interbrigadistas estalinistas aliados de Hitler (tras Pacto Molotov-Ribbentrop, 1939-41) y luego a disposición de EEUU (tras Pearl Harbor, 1941-45)

Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, los interbrigadistas no combatieron a Hitler por la razón de que era aliado de Stalin, como se explica anteriormente en este texto, tras el pacto nazi-estalinista Molotov-Ribbentrop, con el que se habían repartido Polonia. Hitler y Stalin actuaron en la práctica como aliados e incluso organizaron un desfile conjunto nazi-estalinista en Brześć Litewski celebrando sus respectivas ocupaciones de Polonia. En febrero de 1940, La Pasionaria, defendió la invasión nazi-soviética de Polonia en la prensa del PCE en el exilio «España Popular”, donde se blanqueaba a Hitler. Pero ese pacto era algo más que un acuerdo de no agresión y un reparto de Polonia. La Gestapo y la NKVD, hicieron varias reuniones conjuntas entre 1939 y 1940 para compartir información, con especial atención a la liquidación de la resistencia polaca. Como parte de esa colaboración, la NKVD entregó a la Gestapo a unos 4.000 alemanes judíos y comunistas que se habían refugiado en la URSS. Stalin no puso peros a la construcción por parte de los nazis del campo de exterminio de Auschwitz I que fue creado en mayo de 1940 en plena alianza nazi-estalinista (los primeros encerrados en él fueron 728 prisioneros políticos polacos). Además, en febrero de 1940 Hitler y Stalin firmaron un Acuerdo Comercial por el cual los nazis recibieron de Stalin 1,6 millones de toneladas de grano, 900.000 toneladas de petróleo, 500.000 toneladas de mineral de hierro y otras grandes cantidades de materias primas, material imprescindible para fabricar armamento y uniformes, alimentar a sus tropas y proporcionar combustible a sus tanques y aviones. De no ser por esta ayuda de Stalin, Hitler no habría podido mantener a sus ejércitos, que también alimentó la maquinaria represiva de los nazis en la Polonia ocupada por Alemania.

En su política de obediencia a los dictados de Stalin, los interbrigadistas se opusieron a Francia y Reino Unido en los dos primeros años de la Segunda guerra mundial y criticaron duramente la ayuda que el presidente Roosevelt dio a Reino Unido antes del verano de 1941. El PCE en del exilio impidió a gente de su base incorporarse a resistencia contra los nazis y el PCF se opuso al esfuerzo bélico francés contra la invasión alemana de su país. Esto no lo hicieron por una política de “derrotismo revolucionario” en contra de una guerra de contendientes imperialistas sino para después intentar alcanzar acuerdos secretos con los ocupantes.

Solo cuando Hitler invadió la URSS cambió la actitud de los interbrigadistas y de los partidos estalinistas, comenzando a combatir a los nazis y exigiendo la intervención de los diferentes Estados en los que vivían. Hasta ese momento colaboraron abiertamente con el fascismo que decían haber combatido en el Estado español. Ni un disparo hicieron en ningún país, ni una palabra escribieron para combatir a los nazis mientras Hitler respetó el pacto nazi-estalinista.

La mayoría de los antiguos interbrigadistas que no habían sido reprimidos por desviacionismo siguieron siendo fieles a la Komintern. Se mantuvieron a las órdenes de Stalin, aunque estas conllevaran defender aquello contra lo que habían luchado en el Estado español. Aunque en los entornos estalinistas esta orientación de no hablar contra Hitler venía siendo una realidad desde mediados de 1938, recordemos que no fue hasta el 23 de agosto de 1939 cuando el mundo asistió sorprendido a la firma de un Pacto entre Hitler y Stalin, el Pacto Molotov-Ribbentrop.

Las discusiones sobre el Pacto se habían iniciado un año antes del fin de la Guerra civil española y eso explica el interés de la URSS por prolongar el conflicto desde 1936 a mediados de 1938, pero no por suministrar las armas de calidad necesarias que hubiera permitido al Gobierno del Frente Popular ganar la Guerra. Y también explica el abandono de la causa frentepopulista republicana por parte de Stalin a partir de mediados de 1938 y 1939, con el cese de la entrega de armas y la retirada de las Brigadas Internacionales.

El Estado español se había convertido en una baza y moneda de cambio de Stalin para negociar mejor con Hitler, especialmente después de la conferencia de Múnich. El abandono del mensaje contra el fascismo y el nazismo, el mismo que había traído a combatir al Estado español a los interbrigadistas, iba a significar para Stalin ganancias territoriales, la primera de las cuales fue anexionarse parte de Polonia, que se había repartido con los Nazis.

Stalin y el silencio de los interbrigadistas, de la Komintern y del PCE fueron los responsables en buena medida del inicio de la Segunda guerra mundial porque Hitler había dejado de ser el paradigma del mal para volverse un aliado del estalinismo. Y, por eso, con las espaldas cubiertas en el Este, Hitler, el nuevo amigo de Stalin, no dudo en invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939, dándose inicio a la Segunda guerra mundial.

Esta vil coyuntura, que el estalinismo a lo largo de las décadas ha difuminado en su versión de la historia de la Segunda guerra mundial, duró, sin que Stalin hubiera deseado que se rompiera, hasta el 22 de junio de 1941, cuando Hitler rompió el pacto con Stalin e invadió la URSS. Y, ahora sí, los interbrigadistas, al igual que el resto del estalinismo mundial, empezaron una clara denuncia del Nazismo y una política dirigida a lograr que Estados Unidos entrara en guerra de parte de la URSS, cosa que ocurrió el 7 de diciembre de 1941 con el bombardeo nipón a la base estadounidense de Pearl Harbor. Inmediatamente los interbrigadistas del Batallón Lincoln estadounidense se pusieron a disposición del Presidente de EEUU para ser utilizados “como el gobierno considere mejor”.

Pero cínicamente el estalinismo ha hecho que pasase a la historia solo la foto del Ejército Rojo plantando la bandera roja de la URSS en el Reichstag de Berlín (mérito de la clase obrera soviética más que de Stalin) omitiendo el vergonzoso pacto nazi-estalinista (mérito de Stalin y Molotov y no de la clase obrera soviética) que se prolongó los dos primeros años de la Segunda guerra mundial. Supone también una flagrante vergüenza que el estalinismo haya borrado de la historia que el Ejército Rojo tuvo la posibilidad de recuperar Europa entera llegando hasta las Islas británicas o hasta la Península ibérica. Pero esto no ocurrió porque Stalin decidió que el Ejército Rojo se detuviese en Berlín porque ya se estaba planeando con las potencias capitalistas (EEUU, Francia y Reino Unido) el reparto de Europa, dejándoles a ellos la mitad occidental, para lo cual Stalin y los partidos estalinistas traicionaron todas las revoluciones y luchas partisanas desde Grecia a Francia.

Nuevamente Stalin utilizó a los partidos “comunistas” para ahogar revoluciones en países capitalistas y dar signos claros a Francia y Reino Unido de que los partidos estalinistas eran los mayores defensores de la convivencia pacífica con la democracia burguesa. En la Guerra civil española Stalin se había salido con la suya, satisfizo los intereses internacionales contrarrevolucionarios del capitalismo contra la revolución obrera acabando con la revolución y reconstruyendo los pedazos del estado burgués republicano y ahora tras la Segunda guerra mundial hizo lo mismo, traicionar las revoluciones en Europa occidental para dar signos de buena voluntad ante los países capitalistas. Eso fue una constante tras los Pactos de Yalta y Potsdam, a lo largo de todo el mundo también durante las décadas que quedaban hasta que el estalinismo entregara todos los Estados obreros finalmente en 1989 a Wall Street y al capitalismo mundial. En el Estado español Stalin abrió las puertas a Franco y en el resto de países capitalistas abrió durante décadas las puertas a Truman, Churchill y cía en 1945 y así hasta a Reagan y Thatcher en 1989.

***

No todos los interbrigadistas fueron en la etapa posterior a la Guerra civil española fieles a Stalin. Muchos de los que habían sobrevivido la Guerra española sin serlo y expresaron después algún matiz contra la política de Stalin serán asesinados por los servicios secretos de la NKVD. Otros mandos interbrigadistas desaparecerán en purgas desatadas por Stalin. Ya en 1937 desaparecieron Goriev, Berzin o Rosenberg, el embajador soviético, a pesar de que todos ellos habían sido personajes principales en la tarea de subyugar a la República española a los intereses de Stalin. En 1938 le tocó el turno al general Kleber, a Koltsov, a Copie y a Gal. A sus nombres se unieron los de Antonov-Ovseyenko, el cónsul soviético, Slutsky, Gaykiss, Yaborov, Stashevsky, Grissen, Chaponov y muchos otros. En 1941 desaparecieron Schmushkievich, el famoso general Douglas, Proskurov y Schacht. Roma no pagó traidores.

Los pocos que fueron voluntarios en las Brigadas Internacionales y mantuvieron posiciones cercanas a ser consideradas revolucionarias fueron fusilados durante la Guerra civil, como se ha relatado en este texto. Los revolucionarios trotskistas no se alistaron en las Brigadas Internacionales, como ya hemos dicho, sino en las milicias del POUM o la CNT. O sea, no podemos mencionar a alguien análogo a Ignace Reiss, alto mando militar de Stalin que sacó lecciones revolucionarias y se hizo trotskista en la URSS. Más bien al contrario, lo que sí hay son ejemplos análogos al del burócrata estalinista Fiodor Butenko que se pasó al fascismo. Fue tan desquiciado el efecto del estalinismo que entre los interbrigadistas hubo conversos al fascismo, por ejemplo, Nick Gillain no se integró en la Resistencia a partir de 1941 contra Hitler, sino que incluso combatió como voluntario en la Legión Valonia, el grupo de voluntarios fascistas que combatieron al lado de Hitler contra la URSS. Otro ejemplo fue Marcel Gitton, secretario del PCF, que rompió en 1939 con el estalinismo para aliarse con el derechista Doriot. Y, un último ejemplo, Ferdinand Vicent, de la XIV Brigada Internacional, que comenzó a colaborar con los nazis en 1942.

Stalin pagó a traidores: Interbrigadistas en gobiernos y policías tras la Guerra civil y la Segunda guerra mundial

Acabada la Guerra civil y la Segunda guerra mundial, al implantarse los regímenes estalinistas en el Este de Europa, antiguos intebrigadistas pasaron a formar parte de Gobiernos y de sus aparatos de represión. En Occidente, los antiguos interbrigadistas desempeñaron tareas al servicio de Stalin relacionados con el espionaje estalinista. Algunos ejemplos de estos antiguos interbrigadistas en los regímenes estalinistas fueron: En Albania y Yugoslavia, Enver Hoxha y Tito fueron respectivamente los dictadores de por vida. En la RDA Walter Ulbricht, fue Jefe del estado. En Checoslovaquia, Klement Gottwald fue ministro. En Hungría, el primer gobierno incluía a Rakosi y al vil Enro Gero, que será responsable de la masacre en la Revolución política de Budapest en 1956. En Polonia, el general Walter, ahora con su nombre verdadero de Swierzewski, fue Ministerio de Defensa. Por lo que se refiere a la participación de interbrigadistas en los cuerpos represivos del estado, fue realmente frecuente. En algunos países como la RDA, los servicios de espionaje estaban llenos de antiguos interbrigadistas, como Wilhelm Zaisser, primer director de la Stasi, la temida policía política alemana. En Hungría Otto Flatter (Ferenc Münnich), el chequista de la prisión de Cambrils (Tarragona) que ejecutó a 83 prisioneros belgas como jefe de la XI Brigada Internacional, se convirtió en ministro del Interior.

Estos datos son muy significativos, el ferviente estalinismo de estos líderes estaba relacionado también con su mano dura apta para desempeñar estos cargos políticos y policiales tras la Segunda guerra mundial. No se puede dejar de mencionar que Tito, el presidente de Yugoslavia, que en la Guerra civil era un estalinista extremo, aseguró que, durante su etapa en la Guerra Civil española “mató más comunistas que todo el ejército de Franco”. Por cierto, entre sus ejecutados está Blagoje Parovic, miembro del Comité Central del Partido “Comunista” de Yugoslavia y comisario de la XIII Brigada, fusilado por orden de Tito, el 6 de julio de 1937 durante la batalla de Villanueva de la Cañada (Madrid).

Que la Guerra civil española fue un campo de pruebas para Stalin en contra de la Revolución es ya algo obvio, lo cual le reportó grandes beneficios, a pesar de la derrota de la República capitalista del Frente Popular español. El entonces oficial ruso Pavel Sudoplatov y más tarde director de la Administración de Tareas especiales del KGB, se manifestó de esa forma: “Enviamos a nuestros operativos de inteligencia jóvenes e inexpertos al igual que a nuestros instructores experimentados. España demostró ser el jardín de infancia para nuestras operaciones de inteligencia futuras. Nuestras iniciativas posteriores en el terreno de la inteligencia arrancaron todas del contacto que hicimos y de las lecciones que aprendimos en España. Los republicanos españoles perdieron, pero los hombres y las mujeres de Stalin ganaron. Cuando la guerra civil española concluyó, no quedaba lugar en el mundo para Trotsky”.

Aunque son irrefutables los datos históricos sobre el carácter contrarrevolucionario de las Brigadas Internacionales de Stalin, su mito ha perdurado y sigue siendo utilizado con propósitos propagandísticos por parte de las izquierdas reformistas contra la Revolución. Stalin utilizó la sangre derramada de voluntarios de todo el mundo cuyo propósito era derrotar a Franco para sus intereses internacionales contrarrevolucionarios. Se sigue ocultando que las Brigadas Internacionales fueron un instrumento más de Stalin y el PCE contra la Revolución que derrotaron, lo cual abrió las puertas al fascismo de Franco.

ANEXO: Brigadas, nombres de sus Batallones, procedencia y fecha de su formación

Hubo siete brigadas internacionales, llamadas XI, XII, XIII, XIV, XV, 129ª y 150ª. Cada brigada se dividía a su vez en batallones. Estos batallones recibieron los siguientes nombres:

XI BRIGADA (formada el 22 de octubre de 1936)

1er Batallón «Edgar André». Alemán.

2º Batallón «Commune de Paris». Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.

3er Batallón «Dabrowski». Polacos, húngaros, yugoslavos, paraguayos. Trasladado posteriormente a las Brigadas XII, XIII y 150.

4º Batallón «Garibaldi». Italianos. Trasladados más tarde a la XII.

XII BRIGADA (formada el 1 de noviembre de 1936)

1er Batallón «Thaelmann». Alemán. Trasladado posteriormente a la XI.

2º Batallón «Garibaldi». Italianos.

3er Batallón «André Marty». Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la 150, XII y XIV.

XIII BRIGADA (formada el 1 de diciembre de 1936)

1er Batallón «Louise Michel». Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.

2º Batallón «Chapáyev». De distintos países balcánicos. Trasladado posteriormente a la 129.

3er Batallón «Henri Vuillemin». Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.

4º Batallón «Mickiewicz Palafox». Polacos.

XIV BRIGADA (formada el 1 de diciembre de 1936)

1er Batallón «Noves Nacions». Trasladado posteriormente al «Commune de Paris».

2º Batallón «Domingo Germinal». Portugueses.

3er Batallón «Henri Barbusse». Franceses.

4º Batallón «Pierre Brachet». Franceses.

Batallón Vaillant-Couturier.

XV BRIGADA (formada el 31 de enero de 1937)

1er Batallón «Dimitrov». Yugoslavos y búlgaros. Trasladados posteriormente a la 150 y después a la XIII.

2º Batallón Británico.

3er Batallón «Lincoln», «Washington», «Mackenzie-Papineau». Estadounidenses, canadienses, cubanos y argentinos. A este batallón se unió la Columna Connolly formada por un reducido grupo de irlandeses.

4º Batallón «6 de febrero». Franceses. Trasladados posteriormente a la Brigada XIV.

5º Cuerpo de Voluntarios «Benito Juárez García» y «Pancho Villa». Mexicanos.  

129º BRIGADA (formada el 28 de abril de 1937)

1er Batallón «Dimitrov». De diversos países balcánicos.

2º Batallón «Djakovic». Yugoslavos y búlgaros.

3er Batallón «Masaryk». Checoslovacos.

150º BRIGADA (Formada en junio de 1937)

1er Batallón «Rakosi». Húngaros.

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